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Cada proyecto pasa por las mismas estaciones, aunque el tiempo que se queda en cada una depende del formato y del plazo. No trabajo con cronogramas rígidos: lo que ordena el taller es la secuencia, no el calendario. Abajo está el camino completo, desde la primera conversación hasta la carpeta que recibe tu equipo.
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Empezamos por entender qué necesita la pieza y dónde va a vivir: una página de suplemento, una portada, un muro de coworking o un fotograma de animación. Reviso referencias visuales, extensión del texto o guion, y el soporte final de impresión. De ahí sale un brief cerrado o, si el proyecto lo pide, una residencia de dos semanas.
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Exploro composición, encuadre y silueta de personajes en bocetos rápidos. Son trazos sueltos, con anotaciones al margen, pensados para descartar sin culpa. Te envío dos o tres rutas distintas y elegimos una antes de pasar a tinta, porque corregir aquí cuesta mucho menos que corregir después.
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Con la ruta elegida, defino contornos, tramas y pesos de línea con plumilla y pincel seco. Esta etapa fija el carácter de la pieza: si el encargo es serigrafía, aquí se decide qué zonas van a tinta directa y qué se resuelve por separación de color. El original queda escaneado en alta resolución antes de cualquier ajuste digital.
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Aplico color sobre el entintado usando una paleta corta: mostaza, azul petróleo, negro y los tonos del papel. La restricción no es un capricho estético, ayuda a que la pieza funcione igual en offset que en pantalla. Si el destino es animación breve, en esta etapa separo capas y preparo poses clave para el equipo.
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Para offset y serigrafía reviso sangrados, tintas directas y pruebas de color sobre el papel real del proyecto. Es la parte menos vistosa y la que más problemas evita. Las observaciones de tu imprenta o taller entran aquí, antes de cerrar los archivos definitivos.
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Cierro con los archivos en capas editables, las versiones listas para impresión y una guía breve para tu equipo: cómo se construyó la paleta, qué no conviene alterar y cómo replicar el estilo en piezas futuras. Si el proyecto sigue, esa guía es el punto de partida de la próxima entrega.
Las residencias de dos semanas concentran estas etapas en sesiones intensivas; los encargos con brief cerrado avanzan por revisiones puntuales. Podés ver el detalle de cada tipo de trabajo en la página de encargos o escribirme desde contacto para coordinar una propuesta según plazos y formato.
Un encargo no avanza por fechas fijas, sino por etapas que se repiten: conversación, boceto, tinta, color y archivos finales. Acá está el orden real en que ocurren las cosas, con lo que conviene tener listo en cada tramo.
El ritmo lo marca el proyecto. Un brief cerrado avanza por revisiones puntuales; una residencia de dos semanas concentra las mismas etapas en sesiones intensivas, con menos pausas intermedias.
Todo parte de una charla sobre el encargo: para qué medio es, cuántas piezas hacen falta, si hay referencias visuales o un archivo de estilo previo. De ahí sale una nota escrita con el alcance y las decisiones que quedan abiertas. Si el brief llega cerrado, esta etapa se resuelve en pocos intercambios; si es una residencia, se extiende a las primeras sesiones de trabajo en conjunto.
Acá se exploran composición, personajes y jerarquía de la imagen. Trabajo sobre papel crema, con bocetos rápidos que después se ajustan hasta llegar a una propuesta de estructura. Es la etapa donde conviene discutir antes de entintar: mover un elemento en este punto cuesta poco, más adelante cuesta rehacer la pieza. Se entregan dos o tres caminos posibles para elegir uno.
Con el boceto aprobado, paso a entintar. La plumilla define contornos, texturas y zonas de peso visual que el lápiz solo insinuaba. En esta etapa se decide qué queda en línea y qué se resuelve después con color. Para animación breve, acá también se separan siluetas y se marcan poses clave que el equipo de producción va a necesitar más adelante.
El color se aplica en digital, pero con una paleta corta: mostaza, azul petróleo, negros y algunos tonos intermedios. La restricción no es capricho, es lo que permite que la pieza funcione igual en offset, en serigrafía o en pantalla. Para personajes de animación, en este tramo se separan capas y se preparan las poses que el equipo va a animar después.
Antes de cerrar, se revisan sangrados, tintas directas y pruebas de color. Para offset se ajustan los archivos según las indicaciones de la imprenta; para serigrafía se separan los fotolitos por color y se prueba el registro en el taller. Esta etapa suele requerir una o dos rondas de ajuste, sobre todo cuando hay tintas planas o papeles con textura.
El cierre incluye los archivos editables en capas y una guía breve para el equipo del cliente: cómo se usa cada pieza, qué no conviene modificar y qué versiones hay disponibles. La idea es que el material siga funcionando cuando el encargo ya terminó, sin depender de mí para cada ajuste menor.