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Quién firma Melanie Hsiao trabaja sola en su taller de Asunción. No hay intermediarios entre el brief y el archivo final: los bocetos a lápiz, el entintado con plumilla y el color digital pasan por la misma mesa antes de llegar a la editorial o al taller de serigrafía.
Para quién dibuja Suplementos culturales de tirada mensual, revistas independientes, sellos que preparan portadas y estudios pequeños de animación. También marcas que necesitan una imagen ilustrada para un espacio concreto y no quieren resolverlo con banco de imágenes.
Cómo se comunica El tono es sobrio y directo. Se habla de plazos, formatos y entregas, sin promesas que no dependan del oficio. La estética del estudio recuerda un cuaderno de trabajo: papel crema, tinta negra, acentos en mostaza y azul petróleo, tipografía serif de imprenta.
Qué se entrega Capas editables, guía breve de uso para el equipo del cliente y archivos preparados para offset o pantalla. Los encargos se toman con brief cerrado o como residencia de dos semanas, según el alcance y el calendario de cada proyecto.
Alianzas y colaboraciones que sostienen el taller
Ocho entregas ilustradas a lo largo de dos meses, con una unidad gráfica que se sostiene número a número. El equipo de diagramación recibió cada pieza en capas editables y una guía breve para no romper la paleta al maquetar.
Tres personajes principales y un grupo secundario para un corto de producción local. Trabajamos proporciones, siluetas legibles en planos cortos y hojas de expresión para que el equipo pudiera mantener la consistencia entre escenas.
Tres afiches serigráficos impresos a mano en el taller, con tinta negra, mostaza y azul petróleo. Se prepararon fotolitos y separaciones por color, y la edición quedó numerada junto a las pruebas de registro.
Portadas de libro y colaboraciones puntuales donde el encargo llega con brief cerrado. El criterio es el mismo: boceto a lápiz y tinta, color digital de paleta limitada y archivos listos para offset.
Murales de pequeño formato pensados para paredes interiores, con bocetos previos aprobados por el espacio y una ejecución que respeta los tiempos de uso del lugar.
Un taller donde la ilustración y la dirección de arte las decide una sola mano, de principio a fin.
Cuando un encargo entra al taller, no pasa por tres mesas distintas. Los bocetos a lápiz, el entintado, la paleta limitada y la preparación de archivos para offset o serigrafía los hago yo. Eso significa que lo que se aprueba en el boceto es lo que llega a la imprenta, sin traducciones de por medio ni piezas que se desdibujan entre etapas.
No hay discurso de crecimiento ni lenguaje de mercado. Hay papel crema, tinta negra, mostaza y azul petróleo, y una idea clara de cómo debe comportarse una imagen cuando se imprime. Trabajo con editoriales independientes, revistas culturales y marcas que necesitan narrativa visual, y prefiero decir con franqueza qué se puede resolver y qué no antes de empezar.
Cada entrega sale en capas editables y con una guía breve para el equipo del cliente. La intención es que la pieza siga sirviendo cuando yo ya no esté en la conversación: que el diagramador pueda mover un elemento, que el animador mantenga la consistencia entre escenas, que la serigrafía tenga sus separaciones por color bien resueltas. El trabajo termina cuando el otro equipo puede usarlo sin llamarme.
Acepto encargos con brief cerrado o residencias de dos semanas, según lo que el proyecto necesite. Esa decisión no es una postura estética: es la forma de sostener la calidad del entintado y del color cuando hay fechas de cierre. Si el calendario no da para el cuidado que la pieza pide, lo digo antes de aceptar, no después de entregar.